domingo, 2 de septiembre de 2007
En vivo
Escucho un disco en vivo de Rava con Bollani. Lindo, pero si uno tenía alguna expectativa no deja de ser un disco más. ¿Cuáles serán los músicos que más rinden en vivo? No recuerdo un gran disco en vivo de Miles, de los inolvidables. Pero sí, alguno de Coltrane, com uno que acaba de salir en el Half Note. Los de Dizzy en Montreal son geniales, y Cassandra suena mucho más jazzera en vivo que en estudio. Ellington puede que tenga sus grandes discos en vivo, pero tienen que ver con el ensayo, como los del Carnegie Hall, y no con algo que pareciera producirse allí. Los discos en vivo de los beatles son una mera reiteración de los grabados en estudio y después nunca más se presentaron. Los discos de Jarrett son todos en vivo. Veamos, para tirar una hipótesis: funciona en vivo cuando se lo vive como una fiesta, como en Dizzy o con Roland Kirk, o como alguna vez con Caetano que ahora tiene estudiado hasta el momento de respirar. O como una ceremonia religiosa, y ahí aparecen nuestros grandes místicos, Coltrane o Jarrett.
miércoles, 11 de julio de 2007
Una carta para José Pablo
El otro día zapeando, te encuentro en TN repitiendo tu perenne queja sobre la incomprensión que rodeó la aparición de La astucia de la razón, una incomprensión que nació de una crítica –que firmé yo en Página/12- y que según tus palabras televisivas “hasta me acusaron de plagiar al escritor (austríaco tuviste que aclarar porque estabas en la tele) Thomas Bernhard”. Lo que sucede es que como no escribí algo así como “la aparición de La astucia de la razón llega para paliar la absoluta orfandad de obras maestras en la literatura nacional. Lo que es de lamentar es el tiempo en que debamos esperar hasta que un nuevo texto de Feinmann nos esclarezca sobre nuestro destino como seres humanos y como argentinos además de mejorar nuestra calidad de vida con el solo contacto con su prosa irreprochable y luminosa”. Tampoco te acusé de plagiario. Planteé entonces algo que sigo pensando hoy: que la técnica narrativa de Bernhard –de la que te serviste, y, repito, no me parece mal- no era adecuada para contar, al modo hegeliano que elegiste, una historia de síntesis y de reencuentros. Podría ir más lejos y decir que, pese a tus protestas que me costaron más de un empleo (gracias a la ayuda de tu amigo y editor Juan Martini), y al castigo que me implicó en el diario que no pudiera reseñar durante un largo tiempo ningún libro de ficción, vos no tuviste la certeza de que yo hubiera estado equivocado y no volviste a escribir hasta hoy con esa técnica. Pero si vos escribieras para abrir el juego de los debates y no para plantar tu pica en el terreno de la verdad, incluso deberías haber celebrado una crítica que abriera las discusiones sobre cómo contar la historia del país. Durante mucho tiempo me callé todas estas cosas, pero la verdad que verte con el mismo sonsonete a lo largo de los años me pareció que ameritaba que contara ciertas cosas, sabiendo que vos tenés las cámaras a tu favor y yo un simple blog. Así las cosas.
Otra deriva
Es sorprendente que hayan fallado tanto los reflejos paranoicos del gobierno K. O, más que sorprendente resulta preocupante. (¿La deriva patológica es un avance o un retroceso?) ¿Cómo no asociar que anunciada la candidatura de Cristina, la oposición haya elegido como blanco de sus denuncias a una ministra y a una prosecretaria? ¿Cómo se les escapó decir que todo no es más que una reacción machista? Y podrían seguir siendo progres sin afectar la distribución de la riqueza.
Derivas
El plan está clarísimo. Asume Cristina, se desgasta, vuelve Néstor, se desgasta, regresa Cristina. Todo esto hasta que los chicos estén grandes y puedan tomar la posta. Habrá que evitar que la niña K se case, pues puede imprimir un desvío en la dinastía y perderse el apellido Kirchner en una sucesión que bien podría ser todo lo eterna que uno puede llegar a imaginarse. Ahora supongamos que el matrimonio, que ha demostrado hasta ahora ser tan firme, se resquebraja porque ella que era la gran mujer detrás de todo gran hombre y le festejaba sus malabares con el bastón de mando, se da cuenta,como buena fálica que debe ser, que el bastón cambió de manos. Y esa ruptura que no podría ser más que un rumor, exige que la presidenta tenga uno o varios amantes que no sean fijos porque sino el afán de dinastía corre peligro. Entonces deberá contratar los servicios de alternantes taxi boys (de preferencia justicialistas). Pero como el corazón tiene esas cosas que no siempre se pueden prever, podría suceder que la señora se enamorara de alguno de sus proveedores y la transversalidad derivara en que alguno de nuestros presidentes haya trabajado en algún momento de su vida como taxi boy. O, peor aún. Nuestro próximo presidente puede llegar a ser Matías Alé.
viernes, 29 de junio de 2007
Románticos go home
Románticos go home.
En un tiempo fue Sandro. Su propuesta de un erotismo que mezclaba la ternura de Aznavour con el desenfreno de Elvis fue el gran sex symbol nacional y sus recitales eran ceremonias donde el sudor y el deseo eran los principales maestros de ceremonia. Fiel a su machismo de barrio, atemperado por el sagrado adagio de que un hombre es un caballero, Sandro proponía en sus letras que el cuerpo femenino era una caja de resonancia de todo lo que agitaba en su interior, incluido lo que para ciertas morales de época no debía decirse a viva voz. Y el trabajo erótico consistía en sacar eso a la luz, vaya como ejemplo: “por ese palpitar que tiene tu mirar, yo puedo presentir que tú debes sufrir”.Sandro no ha tenido recambio y el género melódico del que fue estandarte nacional por el mundo, hoy está, si puede decírselo así, falto de aliento.
Entre el melódico nacional, el erotismo ha sido reemplazado por la autoayuda o las confesiones de los dilemas de los artistas en estos tiempos de tanta transa (Alejandro Lerner y su esforzada rima de “defender mi ideología, buena o mala pero mía”; Diego Torres y sus proezas fisiológicas de “mirar el futuro con el corazón”). El orgullo argentino ha debido aceptar herido que el lugar de Sandro haya sido ocupado por Ricardo Arjona, quien se instaló en Buenos Aires a cumplir con los rituales favoritos del Gitano, batir récords de asistencia y no dar entrevistas. Claro que, sin que la métrica y la rima hayan dado síntomas de mejoría, el guatemalteco propone (como hace Shakira y sus sinceras caderas) un erotismo que va del cuerpo al cuerpo. De allí que le pueda cantar a la menstruación con versos como estos: “De vez en mes a ti te da por tomar siestas,
a tus hormonas por las fiestas y el culpable siempre yo.” Un erotismo con alitas y sin embargo de poco vuelo. Pero que habla de cuerpos, de pasiones y de encuentros y desencuentros. El público femenino que ha seguido a Sandro por décadas tal vez hoy no quiera que le susurren recetas para vivir y no encuentra las viejas palabras que hablaban del amor. Y el príncipe azul llega de algún país latino que se queda con los Grammys que alguna vez nos supimos ganar.
(Esto era un recuadro que debía acompañar una nota sobre el consumo cultural de las mujeres que salió en Ñ. Puede que no haya salido por cuestiones de espacio o de alguna otra índole, pero como nadie me dijo nada)
En un tiempo fue Sandro. Su propuesta de un erotismo que mezclaba la ternura de Aznavour con el desenfreno de Elvis fue el gran sex symbol nacional y sus recitales eran ceremonias donde el sudor y el deseo eran los principales maestros de ceremonia. Fiel a su machismo de barrio, atemperado por el sagrado adagio de que un hombre es un caballero, Sandro proponía en sus letras que el cuerpo femenino era una caja de resonancia de todo lo que agitaba en su interior, incluido lo que para ciertas morales de época no debía decirse a viva voz. Y el trabajo erótico consistía en sacar eso a la luz, vaya como ejemplo: “por ese palpitar que tiene tu mirar, yo puedo presentir que tú debes sufrir”.Sandro no ha tenido recambio y el género melódico del que fue estandarte nacional por el mundo, hoy está, si puede decírselo así, falto de aliento.
Entre el melódico nacional, el erotismo ha sido reemplazado por la autoayuda o las confesiones de los dilemas de los artistas en estos tiempos de tanta transa (Alejandro Lerner y su esforzada rima de “defender mi ideología, buena o mala pero mía”; Diego Torres y sus proezas fisiológicas de “mirar el futuro con el corazón”). El orgullo argentino ha debido aceptar herido que el lugar de Sandro haya sido ocupado por Ricardo Arjona, quien se instaló en Buenos Aires a cumplir con los rituales favoritos del Gitano, batir récords de asistencia y no dar entrevistas. Claro que, sin que la métrica y la rima hayan dado síntomas de mejoría, el guatemalteco propone (como hace Shakira y sus sinceras caderas) un erotismo que va del cuerpo al cuerpo. De allí que le pueda cantar a la menstruación con versos como estos: “De vez en mes a ti te da por tomar siestas,
a tus hormonas por las fiestas y el culpable siempre yo.” Un erotismo con alitas y sin embargo de poco vuelo. Pero que habla de cuerpos, de pasiones y de encuentros y desencuentros. El público femenino que ha seguido a Sandro por décadas tal vez hoy no quiera que le susurren recetas para vivir y no encuentra las viejas palabras que hablaban del amor. Y el príncipe azul llega de algún país latino que se queda con los Grammys que alguna vez nos supimos ganar.
(Esto era un recuadro que debía acompañar una nota sobre el consumo cultural de las mujeres que salió en Ñ. Puede que no haya salido por cuestiones de espacio o de alguna otra índole, pero como nadie me dijo nada)
viernes, 22 de junio de 2007
pausas
Ayer a la noche escuché con más detenimiento que lo habitual la versión que hace Shirley Horn de Yesterday. La mina le pone pausa, mucha pausa, se la escucha respirar. Y hace verdadera una canción que es muy trucha. ¿Cuántos años tendría McCartney cuando la compuso? 25 a lo sumo. ¿Y cómo puede decir que "all my troubles seem so far away" ¿De qué habla? Hay en el rock una zona de nostalgias inventadas como si no se pudiera andar sin hacer declaración jurada de que uno tuvo un pasado más feliz que ahora. Vaya como ejemplo "hubo un tiempo que fui hermoso, que fui libre de verdad", o "todo tiene un final, todo termina", un carpe diem religioso y fuera de edad. Pero volvamos a Shirley, esas pausas, ese estar a punto de empezar y tomarse un segundo más, ¿no es como ese segundo que uno demora antes de acabar, de correrse? ¿No encajaría mejor la idea de "petit mort" para hablar de esa demora en la que nada pasa más que la espera y la excitación en su estado más absoluto, que usar la idea para la vulgata eros-tanatos? ¿habrá que ser siempre tan lacaniano? ¿hay que adorar a Bataille? El secreto está en la pausa. Me pasó antes con Marianne Faithful cantando "Boulevard of broken dreams". La había oído antes por Tonny Bennet. Y Tony me gusta. Pero acá está entregado sin resistencia al fandango (ese es el ritmo) del compositor y todo su énfasis, como apurado para salir del boulevard. Marianne se queda allí para ver que encuentra. Andá a saber, hay que tener ganas de comparar sueños rotos. Pero no deja de tener una rara dignidad. Querer formar parte de la raza de los pausados. ¿Cuál será el precio a pagar?
viernes, 8 de junio de 2007
E alora macri
Es una pena que la obligación de lo políticamente correcto haya impedido el chiste fácil de que Michetti hizo que la elección de Macri fuera sobre ruedas.
¿Qué hará Macri con la cultura? ¿Habrá artesanos en las plazas? ¿Cuántos programas de Ciudad Abierta pasarán a canal (a)? ¿Llegará alguno al canal 7? ¿No podría organizar Lufrano un reality con esto?
Nadie comenta demasiado que el voto a Macri no fue voto castigo, ni demostración de oposición, sino, en su mayoría voto positivo, o sea: privaticemos, reprimamos, abracemos a Blumberg, cerremos los hospitales a los del Gran Buenos Aires, echemos a cartoneros y piqueteros (menos a Castells). Como también fue en positivo el voto en Neuquén al pichón de Sobisch (tipo que mandó matar maestros y que se dedicaba a comprar votos en la legislatura provincial). O sea que vamos para allá (a la derecha que es democrática si no queda más remedio). En cuanto comienzan los conflictos para redistribuir un cachito, se acabó la sensibilidad social. ¿Terminaremos por extrañar los finales del 2001?
¿Qué hará Macri con la cultura? ¿Habrá artesanos en las plazas? ¿Cuántos programas de Ciudad Abierta pasarán a canal (a)? ¿Llegará alguno al canal 7? ¿No podría organizar Lufrano un reality con esto?
Nadie comenta demasiado que el voto a Macri no fue voto castigo, ni demostración de oposición, sino, en su mayoría voto positivo, o sea: privaticemos, reprimamos, abracemos a Blumberg, cerremos los hospitales a los del Gran Buenos Aires, echemos a cartoneros y piqueteros (menos a Castells). Como también fue en positivo el voto en Neuquén al pichón de Sobisch (tipo que mandó matar maestros y que se dedicaba a comprar votos en la legislatura provincial). O sea que vamos para allá (a la derecha que es democrática si no queda más remedio). En cuanto comienzan los conflictos para redistribuir un cachito, se acabó la sensibilidad social. ¿Terminaremos por extrañar los finales del 2001?
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